Cubo de Necker

La Figura Ambigua del Cubo de Necker lleva el nombre de su creador, Louis Albert Necker (1786-1861), que publicó por primera vez la ilusión en la London and Edinburgh Philosophical Magazine and Journal of Science en 1832.

La Figura Ambigua del Cubo de Necker pertenece a una gran clase de ilusiones en las que una figura bidimensional, o un objeto tridimensional, puede verse de dos o más formas claramente diferenciadas. Hay muchos ejemplos de figuras ambiguas que puede buscar en este índice de ilusiones.

Una de las razones por las que el Cubo Necker es tan interesante es que, aunque quizá lo más natural sea ver la imagen como uno de los dos cubos orientados de forma diferente en el espacio, es posible verla simplemente como una figura bidimensional en la página. Por lo tanto, el cubo de Necker es triplemente ambiguo. El hecho de que uno pueda ver la imagen tanto en 2D como en 3D alimenta el debate sobre si la experiencia visual representa el espacio en 2D o en 3D. Si el cambio de Gestalt 2-D/3-D es un cambio en la experiencia visual en sí, como parece ser el caso (en lugar de un cambio en nuestras creencias sobre la imagen), entonces esto se explicaría mejor si la experiencia visual es como del espacio 3-D.

Por otra parte, existe otra versión del Cubo de Necker que parece una figura en 2-D al principio, pero que también puede verse como un cubo en 3-D, como se ilustra a continuación.

Hay cierta controversia sobre cómo funciona la Figura Ambigua del Cubo de Necker. En general, se acuerda que la imagen retiniana es constante cuando se experimenta la ilusión, pero lo que no se acuerda es si la experiencia visual del cubo cambia cuando se produce el cambio de perspectiva, o si la experiencia en sí no cambia, y es alguna creencia, juicio u otro proceso mental posterior a la experiencia el que cambia. El cubo de Necker, entre otras figuras ambiguas, ha sido citado en los debates sobre esta cuestión (Silins 2015: §2.4).

Esta cuestión se entrelaza con cuestiones más generales sobre la modularidad de la mente y la penetración cognitiva. Para explicarlo: en la hipótesis de que la mente es modular, un módulo mental es una especie de departamento semi-independiente de la mente que se ocupa de tipos particulares de entradas, y da tipos particulares de salidas, y cuyo funcionamiento interno no es accesible a la conciencia de la persona – todo lo que uno puede tener acceso son las salidas pertinentes. Así, en el caso de las ilusiones visuales, por ejemplo, una forma estándar de explicar por qué la ilusión persiste aunque uno sepa que está experimentando una ilusión es que el módulo, o los módulos, que constituyen el sistema visual son «cognitivamente impenetrables» hasta cierto punto, es decir, que su funcionamiento interno y sus resultados no pueden ser influidos por la conciencia. La cuestión de hasta qué punto los módulos perceptivos son cognitivamente impenetrables sigue abierta, y las figuras ambiguas se emplean en los debates para intentar responder a esa pregunta. Una de las formas en que las figuras ambiguas podrían apoyar la afirmación de que el procesamiento visual es impenetrable en un grado significativo es que el interruptor de la Gestalt es difícil de controlar – a menudo uno verá una figura de una manera u otra incluso si uno está tratando de verla de la otra manera. Macpherson analiza este fenómeno y sus implicaciones en su artículo de 2012. Además, hay algunas pruebas de la neurociencia de que, al menos para algunas figuras ambiguas, hay cambios significativos en el procesamiento visual de la etapa inicial en el cerebro cuando se está produciendo el cambio de la Gestalt, lo que podría apoyar la hipótesis de que los cambios de la Gestalt en general son cambios en la experiencia en sí misma en lugar de en los procesos mentales posteriores como las creencias sobre esa experiencia (véase Kornmeier & Bach 2006, 2012).

Por último, se han citado cifras ambiguas en los debates sobre si la naturaleza de la experiencia puede explicarse completamente apelando sólo a su contenido representacional. Algunos filósofos y científicos cognitivos distinguen entre el carácter fenoménico de una experiencia -es decir, lo que es para un sujeto consciente que experimenta esa experiencia- y su contenido representacional -es decir, de qué trata la experiencia-. Algunos filósofos, conocidos como «representacionistas», sostienen que el carácter fenoménico de la experiencia puede explicarse completamente en términos del contenido representacional de la experiencia. Uno de los motivos de este argumento es que el contenido representacional parece más fácil de «naturalizar», es decir, que su naturaleza puede explicarse en términos puramente materialistas apelando únicamente a entidades físicas como los estados cerebrales. El carácter fenoménico, en cambio, parece mucho más resistente a los intentos de naturalizarlo. Pero si el carácter fenoménico puede explicarse completamente en términos representacionales, entonces esto haría que la naturalización del carácter fenoménico pareciera mucho más manejable. Además, las figuras ambiguas se encuentran entre los ejemplos clave que se discuten en los debates sobre si el carácter fenoménico puede explicarse completamente en términos representacionales. Por ejemplo, Macpherson (2006) ha argumentado que los cambios en el carácter fenoménico que se producen al experimentar algunas figuras ambiguas no pueden explicarse en términos naturalistas y representacionales. El artículo de Macpherson de 2006 ofrece una visión general del debate y de sus muchas partes en movimiento.

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